VIVALDI

 

El 21 de octubre de 2017 Ex abrupta presentó en el Festival MAU de Roca Umbert una nueva producción artística y musical basada con la obra maestra de Antonio Lucio Vivaldi, Las cuatro estaciones. La producción, llamada Vivaldi, exabruptos alabanza a las cuatro estaciones </ i>, homenajeó esta obra del s. XVIII dando una nueva forma y dimensión a este gran clásico de la humanidad.

 

Las estaciones, fueron desglosadas, intervenidas y reinterpretadas por artistas musicales del mundo electrónico, experimental, industrial y ruidoso: Coàgul, Emiliano Hernandez-Santana, Autonoise y Xavi Lloses.

 

Doscientos-setenta y seis años después de su muerte, ponemos la mirada en el Vivaldi más transgresor. Aquella manera de hacer que el acercó más al pueblo y que lo alejó tanto de los círculos de poder y de la burguesía, que antes le había aplaudido, acusándole de inmoral. De inmoral porque deja de lado los esquemas tradicionales de la música sacra y desarrolla, de una forma innovadora, la estructura formal y rítmica del concierto, donde busca contrastes armónicos, nuevos temas y nuevas melodías. Tomando sus cuatro conciertos para violín más conocidos, “Le Quattro Stagioni”, observamos como Vivaldi convierte en un excepcional ejemplo de lo que se denomina música programática *. En estos conciertos, y prete rosso nos transporta a los campos de Mantua, junto a sus arroyos, con los diferentes tipos de pájaros cantando, los perros que ladran, el zumbido de los mosquitos, pastores que lloran, bailarines borrachos en medio de noches silenciosas, partidas de caza tanto desde el punto de vista de los cazadores como desde el de las presas, paisajes helados, niños patinando sobre el hielo y cálidos fuegos en invierno.

 

A Vivaldi, exabruptos alabanza a las cuatro estaciones, transportaremos esta manera de hacer, como si de un Vivaldi del siglo XXI se tratara, revisiones sus “Cuatro Estaciones” con Coágulo, Emiliano Hernandez-Santana, Autonoise y Xavi Losas y situándose en el centro de la fábrica, el corazón que late en el pecho del pueblo. Junto a las carreteras; con los diferentes cantares de las máquinas y los telares; los capataces que llaman; el llanto contenido de una mujer en la fábrica, que ha dejado a su hijo con una vecina, y el llanto de ese niño en la lejanía; la lluvia repiquetejant en los techos de uralita y los sonido del aire caliente subiendo por el tubo de una estufa de carbón.